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domingo, 21 de junio de 2015

MASTICAR MÁS, HABLAR MEJOR

La mayoría de los niños acepta bien el cambio de alimentos líquidos a alimentos sólidos, pero otros lo viven con gran dificultad. Los padres de estos niños no saben qué hacer. En algunos casos en su entorno familiar (padres o abuelos) prefieren pensar que bueno, que es que aún es pequeño, que hasta que vaya al cole todavía tiene tiempo....
Personalmente he tenido esta experiencia con los hijos de algunos primos cuando, todavía daban biberón al niño con 3 años y, he de decir que, ello me causaba cierta frustración, ya que, aunque la persona que les advierta de que no es recomendable que un niño de 3 años siga con el biberón sea un/a profesional, no ven este consejo como el de un/a profesional que se supone que sabe de lo que habla, si no que lo ven como el del/la sobrino/a-primo/a.. que opina por opinar sin ningún fundamento y, que como no ha criado nunca a ningún niño, pues no tiene ni idea de qué va el tema. Definitivamente no tienes ni idea, y tienes que bajar la cabeza, callarte y "entender" que el niño/a aún es pequeño.

Profesionalmente también me he encontrado niños/as que están escolarizados y no comen sólidos o hacen varias tomas de biberón al día, porque sus padres no han conseguido hacerles comer sólidos y no saben cómo afrontar la negativa de su hijo/a.

Esto de recomendar la introducción de los sólidos a cierta edad, no es un capricho de los profesionales. El hecho de comer sólidos va a hacer que el niño ejercite su musculatura orofacial, de tal manera que va aumentar su tono muscular. El acto de hablar y pronunciar correctamente no sólo implica aprender palabras, si no que supone un acto muy complejo que requiere velocidad y precisión en los movimientos, y ello no es posible sin un buen tono muscular y sin una adecuada coordinación de los órganos implicados en la pronunciación, así como un adecuado posicionamiento de la mandíbula y de los órganos implicados durante la deglución, lo que contribuirá a conseguir las condiciones favorables para la adecuada erupción dentaria, una mordida correcta y una armonía facial y funcional. Es por lo que destrezas como la velocidad, la precisión y la coordinación de movimientos, se consiguen con tiempo de entrenamiento inconsciente a través de multitud de actividades del día a día y, una de ellas, es masticar. 

Una alimentación inadecuada consistente en el uso del biberón, papillas, abuso del chupete o chuparse el dedo una vez aparecidos los primeros dientes puede provocar:
  • Mala oclusión dental: se produce cuando nuestra mordida no está correctamente alineada. 





  • Deglución atípica: consiste en una colocación inadecuada de la lengua a la hora de tragar. Aquí podéis ver cómo se produce la deglución normal y cómo se produce la deglución atípica. 



  • Deformación del paladar
  • Hipotonía en la lengua, los labios y las mejillas. 
  • Aparición de caries (en el caso del biberón)
  • Ausencia de una dieta equilibrada, y por ende, carencias nutricionales.
  • Problemas en la pronunciación, dado que las estructuras que intervienen en la articulación son las mismas que intervienen en la alimentación. 

Bebiendo del biberón el niño mantiene la boca en un nivel de destreza inmadura. Cuando un niño aprende a beber en una taza o en un vaso, fortalece su mandíbula, sus mejillas, sus labios, y la lengua, dado que el hecho de beber en un vaso "obliga" al niño a mover la lengua. Los labios adquieren tono y fuerza porque deben "apretar" con ellos el borde del vaso y "barrer" del líquido para llevarlo al centro de la boca, y algo similar ocurre cuando come con cuchara. De igual forma, al masticar tiene que hacer fuerza con los dientes, implica hacer movimientos rotatorios, tiene que mover el alimento de un lado al otro de la boca...

Los niños deben comer sólidos lo antes posible. Para que la alimentación de nuestro hijo sea correcta, siempre nos vamos a guiar por la pauta marcada por el pediatra. Pero los papás han de saber que a partir del año de vida ya se deben empezar a introducir alimentos sólidos. Si el pediatra nos dice que ya podemos hacerlo ¿por qué esperar?. A los dos años, un niño sano, es capaz de ingerir comidas sólidas completas. 

Fuente: Federación Autismo Madrid

La Sociedad Española de Odontopediatría advierte que la masticación influye en la salud de los dientes. El niño que no mastica tiene más placa bacteriana y sarro en los dientes. 

Siempre debemos consultar al pediatra cuando el niño no mastica, para descartar que existan problemas orgánicos o neurológicos que impliquen dificultades a la hora de masticar o deglutir, si bien, en muy pocos casos las dificultades con la alimentación sólida se deben a este tipo de problemas, si no que se trata más bien de una inadecuada gestión y manejo de las normas, los límites, los refuerzos y, en ocasiones, actitudes de sobreprotección.  

Es importante entender que si un niño con 3 años aún no come sólido, ya ha tenido tiempo suficiente para malacostumbrarse a no hacer esfuerzo para comer, por lo que es normal que rechace cualquier alimento sólido, porque se cansa. Por ello, necesita ir cogiendo fuerza muscular, pero el esfuerzo de los niños no es gratuito por lo que, podemos empezar con alimentos que le encanten. Y comenzaremos con alimentos, sin triturar, pero de fácil masticación y en pequeños trozos, tales como, patatas, pastas, arroz, pescados suaves, tortilla, croquetas, fruta madura...Cuando más tarde en empezar a masticar más le va a costar. Es como una pescadilla que se muerde la cola. Como me cuesta no mastico, como no mastico me cuesta.

Muchos padres muestran su preocupación por la posibilidad de que, al intentar cambiar la dieta, el niño se niegue a comer. Como padres es difícil ver que el niño no ha comido y quedarse tan tranquilo, pero debemos estar relajados porque, ningún niño sano prolonga el ayuno durante mucho tiempo habiendo comida, por tanto, la posibilidad de que enferme por no comer es prácticamente nula.

Cuando nos embarquemos en el proceso de cambiar la dieta tenemos que tener en cuenta:
  • Tenemos que estar convencidos y seguros de que es eso lo que queremos, puesto que una vez que decidamos que es el momento de cambiar los hábitos alimenticios del niño ya no hay vuelta a atrás.
  • Ambos progenitores tienen que estar de acuerdo, la falta de acuerdo, las discrepancias y la falta de sintonía no va a facilitar las cosas y será algo de lo que el niño se puede aprovechar, y más si se producen delante de él.
  • Nadie dijo que sea un camino de rosas. Puede ser un proceso largo y costoso. Fácil no va a ser, desde luego
  • Ser sistemáticos, constantes, firmes y pacientes.
  • Establecer un tiempo para comer, se haya acabado o no lo que haya en el plato. Sin enfados, ni dramas.
  • Establecer una rutina y unos horarios fijos de comida.
  • No ofrecer comida entre horas, para que el niño tenga hambre a las horas establecidas para comer. 
  • Los padres deben ser modelos para aprender el hábito de comer. Para ello no comeremos por turnos, si no todos a la vez.
  • Ser realistas y proponer al niño raciones ajustadas a su nivel de apetito. Es decir, vamos a poner en el plato la cantidad de comida que sepamos que se va a comer. Es preferible poner poca cantidad y que nos pida más, que poner mucha y que se quede comida en el plato, dado que, el objetivo es que no quede comida en el plato. En las etapas iniciales, puede que no se lo coma todo. Al principio, como el objetivo es que vaya probando cosas nuevas, le reforzaremos por el simple hecho de probarlo.
  • El niño tiene que ver que no hay posibilidad de que, finalmente, accedamos a triturarle la comida.
  • No obligar al niño a introducir en la boca alimentos que no desea por la fuerza, entre otras cosas, porque puede llegar a provocarse el vómito. Debe ser él el que lo haga, cuando decida, reforzándole siempre por ello.
  • En caso de haber hermanos, respetar las diferencias alimentarias entre ellos, evitando las comparaciones.
  • Que el momento de comer sea algo placentero y natural.
  • Reforzar la conducta apropiada, siendo los refuerzos inmediatos. 

Si el problema es que aún toma biberón:
  • Tenemos dos opciones: Quitar el biberón de forma gradual, poco a poco o hacerlo de golpe. Digo esto, porque en este sentido hay discrepancias entre especialistas hacia una u otra opción.
  • En cualquier caso, no se trata de quitarle el biberón, si no de plantearle un cambio necesario para seguir creciendo. Ser mayores les motiva. 
  • Podemos hacer que el biberón sea menos atractivo.
  • Si utiliza el biberón no con fines alimenticios, si no para relajarse o para quedarse dormido/a, también hay alternativas. Por ejemplo, podemos darle un muñeco, una mantita... cuando nos pida el biberón o usar otra estrategia que le tranquilice. 
  • Empezar a ofrecer un vaso en las comidas y animarle a probar cosas nuevas.
  • Nunca ofrecer el biberón como alternativa si no se come lo que le ponemos en el plato. 
  • Ir introduciendo alimentos progresivamente más consistentes, mayores cantidades y de mayor tamaño. 
  • Tener en cuenta los puntos expuestos anteriormente para el cambio de dieta. 
Si a pesar de nuestros esfuerzos el problema persiste, quizá lo mejor sea consultar con un profesional. Un psicólogo puede ayudarnos a cambiar las conductas del niño, de tal manera que vaya tolerando los alimentos sólidos y, un logopeda diplomado o graduado puede ayudarnos estimulando la musculatura orofacial y detectando ciertas condiciones que pueden estar entorpeciendo el proceso para intentar erradicarlas.

Fuentes consultadas para realizar esta entrada:


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