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lunes, 9 de noviembre de 2015

ENTONCES.....¿QUÉ HACEMOS CON LOS DEBERES?

Hace un par de días tuve ocasión de leer una entrada de la neuropediatra María José Mas Salguero que responde al título de "Deberes y Aprendizaje". 

También desde hace ya unas jornadas corre como la pólvora por Internet y las redes sociales un vídeo que, a pesar de que este debate no es nuevo, a pocos ha dejado indiferente. Fue precisamente este vídeo el que llevó a la autora de la entrada a reflexionar sobre el tema de los deberes. El vídeo al que me refiero es este:



El debate "deberes si, deberes no" ha llevado a opinar a muchos expertos, especialistas, docentes, padres....., está muy de moda, y lo seguirá estando por mucho tiempo. 

Antonio Márquez Ordoñez opina a propósito de la entrada mencionada al principio que:  



Lógicamente como todo el mundo, para ser profesional del ámbito psicopedagógico he tenido que pasar antes por el colegio, y he tenido que pasar por la obligación de hacer los deberes a diario. Haciendo memoria, recuerdo mis interminables tardes haciendo deberes, las cuales no me dejaban tiempo para jugar o realizar otras actividades extraescolares. Yo al menos, no podía con todo, o dedicaba las tardes para hacer deberes o las dedicaba a las actividades extraescolares o jugar, las dos cosas no podían ser, y mis padres como "buenos padres" y yo como "buena chica" tenía que decantarme por, como decía aquel dicho, primero la obligación y después la devoción. 
A medida que avanzaba de curso, la carga era aún mayor, y la cuestión ya no era elegir deberes o actividades extraescolares, la cuestión era elegir o hago los deberes o estudio la materia para llevarla al día, porque claro, constantemente me asaltaba la bienintencionada recomendación de mis profesores de "hay que estudiar al día, no se puede estudiar todo el último día antes del examen", pero al mismo tiempo, no se te ocurriera no llevar los deberes sin hacer, porque ello era sinónimo de no ser "trabajador/a" y la consecuencia era un cero o un "negativo" como castigo. 
Cuando pasé a la universidad las cosas cambiaron mucho, dado que, como estudiaba lo que había elegido y ya no había que hacer deberes, tenía tiempo de sobra para dedicarme a preparar las asignaturas, asimilarlas y entenderlas, a mi ritmo, y ello se tradujo en mejores resultados académicos.  
Lo que estoy narrando no me ha supuesto ningún trauma, pero también es bien cierto que no me resultaban agradables aquellas circunstancias. 

Como en todo, hay expertos, especialistas, docentes y padres que están a favor de los deberes y otros que están en contra. 



Yo no puedo posicionarme radicalmente en contra o a favor de los deberes. 
  • En primer lugar, y de acuerdo con A. Marquéz, creo que habría que introducir en el debate la pregunta "¿deberes para qué?. 
  • Los aprendizajes requieren ser organizados, secuenciados y repetidos para que puedan instalarse en la memoria a largo plazo, pero al mismo tiempo es necesario que los niños los entiendan y les resulten significativos, para lo cual es necesaria la experimentación más allá de los libros de texto.
  • Los que hoy día trabajamos en el sector educativo también hemos sufrido los deberes y aquí estamos, sin embargo las tendencias cambian, porque en aquella época no se cuestionaban con tanta fuerza. ¿Acaso los niños de mi época no merecían descanso o aprendizajes significativos?, ¿No necesitaban los niños de antes jugar o moverse?
  • No creo que sea malo hacer deberes, pero sin excedernos y siendo equitativos a las necesidades y, sobre todo a las posibilidades de cada alumno, para evitar que se hagan interminables y que permitan tanto a padres como a hijos disfrutar de otras actividades también necesarias. 
  • Los niños han de ser autónomos al realizar los deberes. Si no pueden ser autónomos y necesitan la ayuda de los padres y/o profesores particulares es porque quizá en las aulas no se está procediendo del todo bien. 
  • Siempre he defendido que el proceso de enseñanza-aprendizaje hay que darle un cierto toque lúdico, pero con límites. A mi modo de ver, los valores como la disciplina, el esfuerzo y la constancia también son imprescindibles y están, en algunos casos, en horas bajas. No creo que flexibilidad, experimentación y dinamismo tengan que estar reñidos con esfuerzo, constancia y disciplina. La motivación y el interés es fundamental para que se produzca el aprendizaje, pero no podemos protegerles de algo tan real como que en la vida no siempre todo lo que hacemos nos encanta. 
  • No es coherente quejarse de la alta carga de deberes y sin embargo alarguemos la jornada de los niños hasta las ocho de la tarde con un montón de actividades extraescolares, que también requieren esfuerzo extra, que cansan al niño tras un largo día (aunque guste) y que en algunos casos tampoco son de su interés. En este caso también habría que preguntarse "¿actividades extraescolares, para qué?"
  • Los niños no están trabajando ocho horas en el colegio, aun ni en los casos en los que salen a las 17:00h. Por ejemplo, en la Comunidad de Madrid, hay muchísimos colegios públicos en los que la jornada es intensiva y los niños terminan a las 14:00h, por lo que desde esa hora, la tarde puede dar mucho de si para hacer muchas cosas, entre ellas, trabajar un ratito.
En esta entrada, nos dicen que a la hora de mandar deberes para casa, los docentes han de tener en cuenta una serie de principios que resumo a continuación:
  1. Los deberes no han de usarse como un castigo ya que haciendo esto los estudiantes dejarán de verlos como una oportunidad para aprender (Cooper y cols., 2006). Por otra parte, la no realización de los deberes ha de tener una respuesta por parte del profesor. De otra forma, los estudiantes dejarán de tomárselos en serio (Muij y cols., 2011).
  2. Los deberes han de ser evaluados y devueltos a los estudiantes lo antes posible. Los deberes no corregidos lanzan a los estudiantes el mensaje de que lo importante es hacer los deberes, no cómo hacerlos (Muij y cols., 2011). A su vez, es más efectivo mandar menos deberes pero corregirlos después que más deberes sin corregir (Ornstein, 1994). Sobre el tipo de corrección, es aconsejable que ésta sea instructiva y no una mera puntuación.
  3. Los deberes son más efectivos si: (a) están integrados en la lección (Muij y Reynolds, 2011); (b) no son ni tan difíciles que conducen a la frustración ni tan fáciles que aburren (Carr, 2013); (c) refuerzan ideas centrales del currículum y, por tanto, la mayor parte de los estudiantes son capaces de completarlos sin ayuda (Cooper, 2006); (d) se usan experiencias y materiales de la vida real que ayuden a los estudiantes a recordar más fácilmente qué han aprendido en el colegio (Boers y cols, 1995); (e) los alumnos tienen claro qué han de hacer antes de salir del aula. Para ello, es aconsejable que el profesor haga conjuntamente con los estudiantes algún ejercicio de los mandados para casa a modo de ejemplo (Carr, 2013).
  4. Los deberes no tienen por qué ser una actividad solitaria sino que también pueden pedirse como actividad en grupo, siempre y cuando el profesor esté seguro que de sus estudiantes tienen las habilidades necesarias para trabajar de forma cooperativa (Muij y Reynolds, 2011).
  5. En lo referido a deberes, más no tiene por qué significar mejor (Trautwein, 2007). Dicho esto, la evidencia muestra que lo más recomendable es que los estudiantes de primero a cuarto de primaria dediquen un máximo de 20 minutos diarios a hacer deberes; los estudiantes del último ciclo de primaria dediquen un máximo de 30-40 minutos diarios; y los estudiantes de secundaria dediquen un máximo de 90 minutos diarios (Muij y cols., 2011).
  6. En el caso de alumnos con dificultades de aprendizaje, el profesor ha de adaptar la complejidad de los deberes a las necesidades de dichos alumnos (McNary y cols., 2005).
  7. Es aconsejable que los profesores se coordinen entre sí para asegurarse de que no sobrecargan a los alumnos con deberes (Carr, 2013).
  8. Es recomendable que los profesores promuevan y refuercen en el aula el uso de agendas u otros herramientas para planificar el tiempo e informar a las familias sobre los deberes (Carr, 2013). Esto contribuirá a desarrollar habilidades de auto-regulación en los alumnos.

2 comentarios:

  1. Yo también estoy de acuerdo en que debemos cuestionarnos "¿Deberes para qué?". Es como lo de copiar los enunciados de los ejercicios, siempre me ha parecido absurdo y una pérdida total de tiempo.
    Yo soy partidaria de ofrecer tareas de refuerzo a los padres en aquellos aspectos en los que el niño/a falla, haciendo así una intervención individualizada y por supuesto, otorgando un periodo de tiempo considerable, una semana, dos... que ellos se organicen y no sea un agobio.

    ¡Saludos!

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  2. Totalmente de acuerdo.
    Lo que hace falta es mucho sentido común, reflexionar y buscar un equilibrio.
    Hay que ver tener en cuenta la edad de los alumnos y como muy bien dices el "para qué" de los deberes, su utilidad.
    Muy interesante todo tu artículo
    Saludos

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